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04JUN2012

Exigen una solución al complejo tráfico de Sarracín a Riofrío y Tábara

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La Opinión de Zamora Comarcas
http://www.laopiniondezamora.es
URL: http://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2012/06/04/exigen-solucion-complejo-trafico-sarracin-riofrio-tabara/604882.html?utm_source=rss
Ediles y vecinos de todos los pueblos de la zona consideran «insostenible» la situación de la carretera que une Sarracín con Tábara por Riofrío, Abejera y Sesnández, exigiendo por enésima vez a la Diputación de Zamora una solución adecuada a la...

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11FEB2012

Camino de las Madroñeras en Cabañas de Aliste

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La Opinión de Zamora Comarcas
http://www.laopiniondezamora.es
URL: http://ocio.laopiniondezamora.es/planes/rutas-excursiones/pla-1458-camino-madroneras-cabanas-aliste.html
Rutas y excursiones (Agenda LA OPINIÓN DE ZAMORA)

Distancia desde Zamora:   74 km, Longitud total del trayecto: 8 km, Tiempo aproximado: 2,5 horas, Dificultad: Alta (tramos por cortafuegos, senderos pedregosos, acusado desnivel) Detalles de interés: Núcleo urbano  pintoresco, bosque

Un bucólico enclave, protegido por los contrafuertes meridionales de la Sierra de la Culebra, sirve de asiento al hermoso pueblo de Cabañas de Aliste. Para llegar hasta allí hay que tomar una carretera secundaria que enlaza Sarracín con Palazuelo de las Cuevas. También es posible acceder en tren, pues la línea ferroviaria entre Zamora y Puebla pasa junto a las propias casas y dispone de un práctico apeadero.
Aunque en las zonas despejadas del mediodía quedan ciertas naves ganaderas, para penetrar en el propio casco urbano hay que salvar el alto terraplén de la vía. Habilitaron para el paso una especie de angosto túnel inferior, con cerradas curvas para acceder a él. Dada su escasa visibilidad, tras superar esa barrera, verificamos sorpresivamente que nos encontramos ya de lleno en la propia población. Y es que sus edificios quedan constreñidos entre las cuestas circundantes y el propio talud ferroviario. Aprovechan como solares los fondos de un atractivo valle, un rincón en el que la naturaleza parece haber acumulado todas sus mejores galas. Allí, las casas, ordenadas en un puñado de pintorescas calles, forman un todo común con las arboledas, logrando una armonía perfecta. Tras un paseo sosegado, constatamos que la mayor parte de las viviendas han sido renovadas o construidas de nueva planta, lo que denota un evidente bienestar. De los inmuebles antiguos que perduran descuellan sobre todo las portaladas. Sus muros son de una áspera mampostería, formada por bloques pétreos de cuarcita, de una coloración ocre, muy cálida. En las techumbres se combinaron superficies de teja curva, sobre todo las zonas cumbreras, con otras de pizarra, reservadas para los alerones.
La iglesia es el único edificio religioso existente y aunque digno y cuidado, carece de interés monumental. A lo largo de la historia el templo debió de ser mezquino, pues a mediados del siglo XX lo derribaron para hacer el actual de nueva planta, inaugurado en 1946. Construyeron por entonces un recinto de líneas tradicionales, formado por una cabecera con crucero, corta nave, espadaña sobre el hastial y un pequeño alpende ante la puerta. Todos los muros están revocados con cemento, totalmente enlucidos, aunque el excesivo resplandor que tuvo la pintura se ha matizado con el tiempo. En sus altares se entronizan algunas imágenes antiguas, procedentes del oratorio anterior. Un abeto, árbol joven pero vigoroso, prospera en el angosto atrio circundante. Su pujanza vegetal compite en altura con la del propio campanario.
Por entre medio de las casas cruza el río o arroyo Espinoso. Es un pequeño cauce fluvial sumamente pintoresco. Mantiene sus corrientes gran parte del año, sombreadas por frondosos sotos ribereños. Sus caudales saltan en rápidos y cascadillas, formando rincones de un belleza simple y pura. Para salvar su lecho existen varios puentes, modernos y funcionales todos ellos. Enlazan las casas de la margen izquierda con el resto de la localidad, además de permitir el acceso a las diversas huertas, pobladas de frutales.
Decididos ya a recorrer el itinerario que tenemos proyectado, partimos por una pista de cemento que se dirige hacia el norte, hacia la sierra, paralela al lecho del río. A sus orillas se halla un potro para herrar animales. Aunque posee las formas que los viejos de piedra y madera, es obra moderna, construida de hierro, un tanto oxidada por falta de uso. Poco más allá existen dos oportunos carteles, dotados de planos y de texto informativo. Instruyen sobre las rutas marcadas por el término, con orientaciones de sumo interés. Nosotros seguiremos la del Camino de las Madroñeras, a sabiendas de que sólo lo haremos parcialmente.
Después de dejar atrás los últimos edificios del pueblo, avanzamos por suave cuesta en dirección a los montes inmediatos. Al lado, a mano derecha, topamos con una bien acondicionada área de ocio y descanso. A su servicio el cauce del río se ha cortado con una pequeña presa de hormigón, generándose un amplio estanque de aguas límpidas y rutilantes. Tras ese forzado remanso, las corrientes rebosan saltando en artificiosa cascada. Como complemento, a ambos lados, en la pradera contigua, se han colocado diversas mesas con asientos, oportunamente distribuidas. Sin duda, el conjunto es un magnífico enclave, destinado sobre todo para el asueto veraniego, donde resulta muy grato practicar el baño.  
Continuando camino adelante, hay que fijarse con detenimiento para no dejar pasar el pintoresco molino ubicado en un inmediato desnivel. Señalan que a lo largo del curso fluvial existieron hasta veinticinco factorías similares, cuyas ruinas son aún reconocibles. Dada la buena conservación de este ejemplar, es él el que acapara todo el interés. Está construido con paredes muy rústicas de piedra y una cubierta de pizarra a una sola vertiente. Para evitar que el viento levante las losas de su tejado cargaron diversos morrillos sobre el alero. Las ventanas son vanos diminutos, por lo que el mayor aporte luminoso ha de penetrar por la propia puerta. A su vez el vano del cárcavo posee como dintel un tronco leñoso grueso y curvo. Al indagar sobre la estructura del rodezno vemos que es una pieza de hierro, bien sólida, que no parece muy antigua. Los caudales, para lograr la caída necesaria, llegan por un caz que faldea por la cuesta hasta llenar una pequeña aunque profunda balsa. Por todo el entorno prosperan densos helechos que disputan sus espacios vitales con los brezos. Más allá, la ladera del frente está sombreada por castaños, árboles de buen porte que también existieron al otro lado, donde uno bastante grueso se taló no hace demasiado tiempo.
Hemos de regresar hasta la transitada pista por la que vinimos, despreciando el carril que se desvía hacia las fincas inferiores. Un poco más arriba, acomodados en la base de una ladera, hallamos el grupo de corrales tradicionales denominados del Picón. De los varios que existieron, uno de ellos se ha reparado, mostrándose así en toda su integridad. Lo veremos como una gran choza redonda, con cubierta de escobas y ramajo. Al estar su puerta abierta, es posible entrar libremente en el interior. Sentiremos el rústico, pero acogedor refugio en el que se encerraban los rebaños por las noches. Por dentro, la elemental techumbre se apoya en altos pilares pétreos, dejando en el medio un redondel abierto que actuaba de respiradero. Al lado de este ejemplar completo queda otro que perdió el complemento vegetal, por lo que se aprecia, en toda desnudez, la estructura roqueña. De un tercero solo perduran la media docena de agudos puntales de pizarra sobre los que se apoyaron los troncos del tejado. Emergen libres en círculo como si delimitaran un campo iniciático. En la lustrosa superficie de una de esas lastras algún pastor mató el tiempo de las esperas grabando elementales dibujos entre los que se lee la fecha de 1944.
Siguiendo rumbo al norte, algo más arriba alcanzamos un empalme en el que hemos de tomar el ramal de la derecha. Señales orientativas, blancas y amarillas, pintadas en hitos pétreos, nos confirman que avanzamos en la dirección correcta. Estamos ya en un valle aislado y solitario, definido entre  montes cada vez más encrespados. Bien visible, de entre medio de la espesa maleza asoma una esbelta laja roqueña, único vestigio evidente de otro corral destrozado. En su soledad semeja un agudo menhir, ancestral megalito de ignoto significado. Siéntese por aquí una paz absoluta, una armonía perfecta que serena las almas. Las pedrizas de la umbría, los prados y los pinares de repoblación vienen a ser los elementos más descollantes. Llegamos de nuevo a otra encrucijada, en la que seguiremos el camino que baja hacia los fondos más húmedos. Abajo cruzaremos el cauce fluvial, pequeño arroyo por aquí, para remontar decididos hacia el collado frontero. Cuando alcanzamos su cima topamos, una vez más, con otro cruce. Dada la existencia de oportunos letreros, fácil es acertar con la dirección que lleva hacia las madroñeras. A ellas acudimos tras atravesar uno de los densos y esbeltos pinares. En la soleada cuesta del otro lado se extiende un bosque mixto, formado por una gran masa de madroños diseminados entre los no menos numerosos alcornoques. Se forma así un interesante conjunto arbóreo ya que ambas especies vegetales son escasas en la provincia, situadas en el límite extremo de su zona de distribución, al borde de su hábitat natural.
Después de contemplar los ejemplares más sobresalientes, de admirar en los madroños el lustre de las hojas, sus pequeñas flores invernales o los llamativos y comestibles frutos del otoño, abandonamos aquí el itinerario marcado con señales. Si continuáramos por él nos llevaría al pueblo de Sarracín tras un recorrido de bastantes kilómetros. Retrocedemos hasta el último cruce y desde allí avanzamos hacia el oriente, bajando por una vaguada con densos pinares a ambas manos. Entramos en la zona degradada por un gran incendio, con troncos carbonizados erguidos torvos hacia el cielo. Allí hay que seguir de frente hasta topar con una alambrada destrozada por el fuego. Esa valla marca el límite entre los términos de Cabañas y Sarracín. Junto a ella iniciamos la parte más penosa de toda la ruta. Hay que aprovechar la banda despejada de un cortafuegos para ascender al cuesto del mediodía, al llamado Alto de la Ventosa. Resulta ardua esa subida, pero desde su cima las vistas panorámicas preséntase grandiosas. Hacia el naciente los cordales montañosos de la Sierra de la Culebra se prolongan por los términos de Sarracín, Riofrío, Abejera y Sesnández, cuyos cascos urbanos se divisan o se intuyen. Por el sur se avizora en gran medida el valle del río Aliste, quedando bien señalados, entre otros, Palazuelo de las Cuevas y San Vicente de la Cabeza. Más allá se suceden sierros menores en una gradación que parece ilimitada.
Por la prolongación del cortafuegos hemos de bajar ahora hasta tocar las primeras fincas por ese lado, casi todas abandonadas en nuestros días. Desde allí por un semiborrado, pedregoso e incómodo camino regresamos al pueblo. Toda la ladera por la que ahora transitamos se quemó por el citado incendio. Diezmó los numerosos madroños que existían, los cuales rebrotan ahora con pujanza. Cerca ya del pueblo, penetramos primero en un frondoso castañar, después en los huertos ribereños y al fin entre las casas.



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08FEB2012

Riofrío contrata la mejora de redes de agua por 61.000 euros

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Las localidades de Riofrío de Aliste, Sarracín, Cabañas y Abejera de Tábara centrarán la mejora de sus infraestructuras urbanas este año en las redes de abastecimiento de agua y saneamiento, así como la reposición del pavimento donde este haya de levantarse.

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31ENE2012

Valer decidirá en referéndum la propuesta para plantar pinos en la sierra

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Los vecinos de Valer decidirán el próximo fin de semana en referéndum la propuesta del Ayuntamiento de Gallegos de Río de reforestar con pinos la sierra de «Pozo Pingón» colindante con Riofrío, Abejera y Puercas. El domingo los vecinos conocieron...

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04ENE2012

Riofrío fija una tasa de 7 euros para depurar las aguas residuales

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Los vecinos de Riofrío, Sarracín, Abejera y Cabañas abonarán una tasa por la prestación del servicio de alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Así lo estipula la ordenanza puesta el vigor el día uno que establece una tasa de 30.05 euros...

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03ENE2012

Demonios envueltos en cenizas

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Los Diablos llenan las calles de Sarracín y recuperan una mascarada que los vecinos piden que nunca se vuelva a perder. 03-01-2012 11:17

Chany Sebastián

Los Diablos de Sarracín de Aliste resurgieron ayer de sus cenizas y volvieron a cautivar a propios y extraños con una mascarada tan histórica como comunitaria que ha pervivido en el durante siglos en el fuera el bosque encantado del oeste zamorano: la Sierra de la Culebra, cuna de historias y leyendas a la vez que paraíso de fauna, flora y tradiciones populares.

Fueron los más madrugadores del Año Nuevo saliendo a las 9.30 horas del entorno de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. Tras la consabida visita a la casa del señor alcalde se iniciaba el recorrido una por una por todas las casas del pueblo. Los vecinos fueron recibiendo con los brazos abiertos a los insignes visitantes cargados de buenos deseos y una mochila para llenar con las donaciones de las familias.

Los dos diablos «Grande» y «Chiquito» fueron abriendo la comitiva siendo el alma máter de la fiesta con sus persecuciones bajo su fiero aspecto de traje y carocha negra con tenazas rojas (el mayor) y un palo con dos cuernos (el pequeño). La Filandorra y el Rullón con sus trajes de tiras de sembraron de ceniza los campos y a cuantos encontraban a su paso con especial atención a las mozas. La terna de personajes la completaron el Ciego, Molacillo, Filandorra, Madama, Galán, Dulzainero, Tamborilero y los dos «Hombres del Saco».

Estamos ante una mascarada que entremezcla unas tradiciones de muy diversa índole y procedencias: a los ciegos y a los lazarillos que iban cantando coplas por los pueblos antaño, el Nacimiento del Niño Jesús en el Portal de Belén, la dura trashumancia pastoril y la matanza de los Santos Inocentes. Entre los vecinos se cree que «Algunos orígenes de la fiesta son bíblicos, otros proceden de la picaresca medieval o de las costumbres agroganaderas e incluso de la remota cultura celta».

La mascarada culminó ya en «La Anochecida», cuando el Molacillo pasó a ser Obispo y el Ciego Monaguillo con el hisopo de agua bendita para intentar darle cristiana sepultura al niño de la madama que ha fallecido. Los Diablos que querían llevarse su alma al infierno llegaron y ahí comienza la última y gran pelea.


Los Diablos son una pura expresión de la representación con ironía de las eternas luchas entre el bien y el mal, siempre aderezadas con la música tradicional, los buenos deseos y las cuestaciones, una fiesta donde, llevan el peso los 12 personajes, pero en la que al final termina participando todo el pueblo e inclusos los forasteros. Niños, jóvenes y mayores esperan que ya se celebre todos los años.



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03ENE2012

Un patrimonio en peligro de extinción

URL: http://www.laopiniondezamora.es/opinion/2012/01/03/patrimonio-peligro-extincion/569850.html
Zona oeste - CHANY SEBATIÁN

 
 
 
Zona oeste

Un patrimonio en peligro de extinción

 
 10:09 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Las mascaradas de invierno de Aliste y Trás-os-Montes representan un legado social, cultural y etnográfico de infinito valor que ha sobrevivido desde la noche de los tiempos hasta nuestros días gracias a la voluntad de las gentes de nuestros pueblos. La historia se escribe utilizando como piedra angular los pequeños aconteceres de quienes viven su presente orgullosos de sus orígenes, mirando al futuro, sí, pero sin olvidar su pasado.

Las mascaradas alistanas y trasmontanas tienen entre sus valores una ancestral y peculiar indumentaria que, junto a danzas, carreras y peleas son, a primera vista, lo que más llama la atención, principalmente a los profanos en la materia. Sin embargo, en lo más profundo de sus orígenes, brilla con luz propia el sentido y el sentimiento humano y social, la lucha entre el bien y el mal, la comunidad, lo religioso y lo pagano.

Nada, desde el primer al último ritual es casualidad, sino el reflejo de alguna situación real (historia) o ficticia (leyenda) sobre un acontecimiento concreto que las hizo nacer, siempre como motivo de agradecimiento, ya sea a san Esteban Protomártir o al Niño Jesús, aunque las representaciones se sustenten también en la picaresca y la ironía que, muchas veces, es la mejor manera de llegar a cultivar la tradición y a cautivar el corazón de quienes se muestran agradecidos, de quienes reciben los buenos deseos, incluso de los diablos, y de cuantos no comprenden o no quieren comprender.

El Tafarrón de Pozuelo se descubre ante san Esteban, lo mismo que hace el Cencerrón de Abejera al pasar por delante de la iglesia; Los Carochos de Riofrío y Los Diablos de Sarracín al llegar a una casa donde falleció alguien rezan una oración por su alma; Los Zamarrones de Villarino al cruzar la frontera hincaban una rodilla en tierra pidiéndole permiso a las pastoras portuguesas de Vale de Frades en busca de su amor.

Está muy bien promocionar las mascaradas. Lo que no es de recibo es que particulares e instituciones las utilicen para presumir en Lisboa o Zamora de un gran legado cultural y luego cuando llega la hora de la verdad, entre la Inmaculada y el Martes de Carnaval nadie se acuerde de ellas y llegue el desbarajuste padre. Muestra de ello fue estos días la desastrosa organización de horarios en «La Raya» levantado una polvareda de criticas, justificadas, en España y Portugal.

Resulta una paradoja, cuando no una utopía, hablar de conseguir para las mascaradas su declaración como Patrimonio de la Humanidad cuando al paso que vamos habrá que declararlas es en peligro de extinción. Las mascaradas nunca fueron puro teatro sino sentimientos del alma y el corazón como motor de la vida misma. Ahí esta su gran valor a preservar.



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02ENE2012

La dignidad de los orígenes

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Los Cencerrones de Abejera recuperan su esplendor tras rescatarse la antigua tradición con todos sus rituales

La dignidad de los orígenes



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02ENE2012

Aliste despierta con la mascarada de los Carochos

URL: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/01/castillayleon/1325440999.html
La fiesta de Riofrío se une a los Diablos de Sarracín, los Cencerrores de Abejera de Tábara y el Zangarrón de Montamarta. Leer




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02ENE2012

La dignidad de los orígenes

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Los Cencerrones de Abejera recuperan su esplendor tras rescatarse la antigua tradición con todos sus rituales

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