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Tag: Fauna

TAGS: Fauna
23MAR2019

Muere atropellado por un camión un macho de lobo ibérico en Ufones

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La Opinión de Zamora Comarcas
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URL: https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2019/03/23/muere-atropellado-camion-macho-lobo/1152408.html?utm_source=rss
Era un macho de cinco años y 48 kilos, y los expertos creen que se trata de un ejemplar solitario, el mismo que atacó recientemente a una novilla en Matellanes...

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TAGS: EconomíaFauna
16MAR2019

El lobo mata una novilla de 3 años en una explotación de ganado vacuno de Matellanes

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La Opinión de Zamora Comarcas
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URL: https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2019/03/16/lobo-mata-novilla-3-anos/1150834.html?utm_source=rss
Los ganaderos observaron cómo el cánido se escabullía entre el bosque de robles...

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TAGS: EconomíaNaturalezaFauna
15MAR2019

El lobo mata una novilla de una explotación de Matellanes

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La Opinión de Zamora Comarcas
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Los agentes medioambientales certifican el ataque del cánido...

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Escrito por webmaster

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TAGS: CulturaNaturalezaSociedadFaunaAsociacionesArquitectura
23NOV2002

DE PUEBLO EN PUEBLO: Boya, capital de la Sierra de la Culebra

URL: http://www.laopiniondezamora.es
los vecinos denuncian que la administración les debe casi 18.000 euros por daños de la fauna Boya, que fue Ayuntamiento, se amaga en el corazón de la Reserva Regional de Caza de la Sierra de La Culebra, cuya gestión marca de lleno la vida del pueblo. Las alabanzas que encuentra el espacio protegido en el exterior contrasta con el malestar de los habitantes de este apacible núcleo de población. Los que cultivan patatas, famosas desde siempre, llevan tres años esperando que la Administración pague los daños provocados por los ciervos y los jabalíes. Siendo carballeses, prefirieron unirse a un municipio alistano.

Boya.- Boya reside plenamente en el corazón de la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra, un espacio protegido que marca el espíritu, la actividad, el ánimo del pueblo, el paisaje y la realidad faunística y medioambiental.
Boya, que responde a su ubicación en una boyería serrana, hay quien lo quiere hacer derivar «de un roble grande que existió en el valle».
Es un pueblo que respira aires puros, pero un tanto a disgusto. Recuerdan con añoranza que fue Ayuntamiento, pero a principios de la década del 70 perdió el rango y se integró, sorprendentemente, a Mahíde. «Estamos cerca de Villardeciervos pero nos unimos a Mahíde, que está al otro lado de la sierra y que no son carballeses sino alistanos». Se tomó esta decisión «porque con los cervatos nunca cuajamos bien. Los días de labor, cuando hacían carbón nos hablaban, pero el domingo se ponían una camisa lavada y ya no te conocían. Se sentían superiores, como si fueran de una ciudad» afirman Jesús López, que fue alcalde y que está a punto de cumplir los 83 años, y lo expresa Marcelino... ; y, se puede decir que todos los vecinos hablan con la misma boca.
José Angel Romero Gallego, amante de la naturaleza, «cuanto más virginal mejor», cree que lo más acertado hubiera sido conformar un Ayuntamiento entre las poblaciones de Boya, Cional y Codesal. Se da la circunstancia de que cada uno de estos pueblos vivió su anexión: Boya, como se ha dicho, a Mahíde, Cional a Villardeciervos y Codesal a Manzanal de Arriba.
En la década de los cincuenta habían vivido el poder administrativo, en el orden forestal, con la imposición de un prometedor convenio en virtud del cual la sierra se pobló de pinos. «No había ni uno, nos obligaron a ceder el terreno y a estas fechas no sabemos dónde va a parar el dinero» expresa Jesús Santos.
La creación de la Reserva de Caza de la Sierra de la Culebra, en 1973, fue otro de los grandes hitos. Como hoy, todo el mundo hablaba de la Reserva de Caza, pero desencantados. «Cuando trajeron los ciervos bajaban al pueblo, a los huertos y a las calles, y me acuerdo que los niños les dábamos berzas a la boca. Si llegamos a saber a la situación a la que nos han llevado...». Nadie discute que la Reserva es un vivero de especies, pero en Boya se hace hincapié en resaltar que todo el término está integrado en el espacio protegido y no se entiende que los daños faunísticos dejen en el olvido los beneficios y las ganancias. «Tenemos sin cobrar los daños desde el año 2000. Como pasan de las 50.000 pesetas van por Patrimonio y aquí estamos. Ya lo sabe el servicio jurídico de Medio Ambiente». «Los forestales hacen bien la tasación pero no pagan. Nos dicen que está aprobado, pero dónde está el dinero». Los daños se cifran en cerca de 18.000 euros. Isabel Gil, José Angel Romero, José Antonio Gallego y Florentino Gil son los grandes perjudicados.
Es un pueblo afamado por las patatas. La producción calculada es de 35.000 kilos por hectárea en regadío y 22.000 en secano.
«No nos dejan ni para conocerlas» en expresión de José Antonio Gallego. La presión que ejercen los ciervos y los jabalíes es tal que más que de cultivos se habla de baldíos. «Sólo queda cercar y cercar si se quiere tener algo. La gente está aburrida» dice María Matellanes.
«La Reserva no la pidió el pueblo, y todo lo que implica son daños. Vale para monterías y para cuatro gandules que viven de ella, pero al pueblo nos echa. Los animales se meten hasta la cocina y pronto se meterán hasta en el puchero» expresa María.
El acoso de la fauna, y la tardanza en los pagos, es uno de los motivos que se apuntan para justifica la despoblación rural. «Ahora los gastos se van reduciendo porque cada vez queda menos ganado y se va sembrando menos» afirman.
El lobo, en boca de todos en estas fechas, se salva en este pueblo del corazón de La Culebra de las críticas. Tres ganaderos, que suman unas 200 ovejas, se alternan para pastorearlas. Lo hacen acompañados por los mastines "Zar", "Leika" y "Rumba", «más los arreadores», y llevan un par de años sin sustos lupinos de resonancia. Ayer se informó que científicos alemanes han descubierto que el perro y el lobo se comunican de forma diferente: «el perro -por la pluralidad de clases- con ladridos y gruñidos, y el lobo como una mímica de más de 60 gestos».
Aún destacando la Reserva de La Culebra como uno de los pocos escenarios españoles donde la depredación y la conservación cohabitan, todavía con el instinto salvaje en sus venas y sin apenas humanización, resulta difícil encontrar en el pueblo un morador que aplauda la Reserva, sólo quien tiene relación laboral con su existencia encuentra como positivo que, gracias a la protección, existen animales silvestres que despiertan interés social, cinegético y biológico.
No sólo hay malestar por la falta de ingresos, además se culpa al Ayuntamiento de Mahíde de repartir injustamente los beneficios derivados de la Reserva. Según el alcalde, Gregorio Pérez, los ingresos municipales por la subasta de ciervos, corzos y lobo no llega a los 6.000 euros, y las entresacas pueden oscilar entre los 7.500 y los 15.000 euros. Boya, con más de 1.500 hectáreas en el enclave, quiere que en el propio municipio se reparta por hectáreas incluidas en la Reserva.
Por otra parte, en estos momentos existe la reclamación de 435 hectáreas por parte de algunos vecinos que consideran que es un terreno comprado por sus predecesores. "El Monte Comprado" lo llaman, y según las escrituras que manejan fue adquirido en el año 1884. Se vendió «al mejor postor», por 4001 pesetas. Es un escenario proindiviso, que se quiere recuperar para sacarlo un beneficio; aprovechando sus recursos cinegéticos, forestales e incluso minerales. El caso lo tiene en sus manos, adormilado, un despacho de abogados de Madrid, según comenta con verbo fluido Marcelino Gallego.
Hay confianza en los reclamantes en llegar a buen puerto porque con ellos se ganó el litigio sostenido con la todopoderosa Iberdrola. Fue el caso tras la expropiación de los molinos por quedar éstos en la zona de influencia del embalse de Valparaíso. «Iberdrola nos hizo una oferta de tres millones por los molinos, pero pedíamos diez» recuerda Marcelino Gallego, a quien le tocó bailarlo en Valladolid. Al final se cobraron más de 16 millones, pero millón y medio se perdió.
El día jarrea agua y todo el mundo habita en la cocina, salvo María Carmen Matellanes y algún otro que siguen fieles a la recogida de setas. «Llevamos dos meses y medio, pero ahora ya salen pocas» comenta al llegar con la cosecha del día. La escasez es la causa de su buen precio, «a más de diez euros el kilo».
Noelia Vega es una de las estudiantes del instituto de Alcañices. Quiere ser peluquera y echa de menos a las amistades durante la semana. Otros tres alumnos van al colegio comarcal de Mahíde. Claudia Álvarez, de poco más de un mes, es la benjamina del lugar.
De las setenta personas que resisten el sector de la tercera edad es el más numeroso. «Para qué vamos a hacer matanza si lo tenemos prohibido por el médico. Al principio echábamos de menos el chorizo, el jamón y demás, pero luego no» comenta María Matellanes.
Boya cuenta con una Asociación Cultural, "Los Molinos", con casi 200 asociados. Con su empeño, y la ayuda del Proder y del Ayuntamiento, han conseguido adecuar lo que fuera el Ayuntamiento y las Escuelas, dejándolo listo para su disfrute. En la parte inferior dispone un café-biblioteca, adornado con los cuadros de Enrique de Pablos. La parte superior se ha preparado como salón de meriendas, de reuniones y de actos sociales. En la arquitectura se ha respetado el tipismo.
Arquitectónicamente en Boya conviven lo antiguo y lo moderno; las ruinas, los abandonos, los portalones y las restauraciones. Francisco Gallego y Pablo de Cabo se recuerdan como buenos albañiles. La piedra se acarreaba de "Peña El Castillo".
Contó con oficios cuando el pueblo estaba animado por 800 ovejas, 500 cabras, más de 100 vacas y algunos burros. Andrés Gallego ejerció de herrero, aguzando rejas y demás tareas. La fragua se tiró hace unos años, «vino una máquina y lo levantó todo». Como panaderas sobraban y bastaban las mujeres. «Hacían hogazas para una semana en los hornos particulares». Santos de Cabo llevó adelante el oficio de carpintero, y de sus manos salieron algunos carros y no pocas puertas y ventanas.
En el mundo de la caza destacó, por su dedicación, Felipe Gil. «Vivía de eso. No tenía otra cosa que comer».
En cuanto a la agricultura, el cultivo de patatas gozó de todo el prestigio. «Venían por ellas hasta de Toro». Uno de los pagos patateros era "Valdetallas".
En los años cincuenta Boya era Ayuntamiento, y el presupuesto andaba por las 30.000 pesetas. La luz entró en casa en 1957 y se celebró con una fiesta «en la que cada uno puso lo que le pareció».
Boya conoció la emigración de ultramar, en los primeros años del siglo XX; y en la postguerra también hubo de recurrir al estraperlo de productos como el café, el jabón y algunos tejidos. «Los portugueses lo traían hasta el monte», y emboscados se hacían los cambios de mano, «cambiando de sitio una y otra vez para no ser pillados por la Guardia Civil».
Es de los pueblos que respira más ambiente los fines de semana, y sobre todo en las fechas vacacionales o veraniegas. "La Majada" y "El Venero" están entre los pagos más admirados «por sus tremendos robles y sus llamativas pedrizas».
Paradójicamente, y es un parámetro indicador de la gestión administrativa, el visitante que llega a tierras de Boya ve más alegría en las caras de la vida silvestre que en los rostros de la vida humana que sigue en pie.


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