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19ENE2002

DE PUEBLO EN PUEBLO: Pozuelo de Tábara, parada y fonda de la sierra de La Culebra

URL: http://www.laopiniondezamora.es
la localidad goza de prestigio gastronómico desde la época en que los carreteros circulaban por las calzadasPozuelo de Tábara adquirió en la época de los carreteros la fama de parada y fonda y nunca más ha perdido el merecido prestigio. Andrés Tomás y su mujer Francisca Pino, así como Manuel Tomás, atendían a los carreteros sanabreses que bajaban de las sierra con castañas y manzanas, y regresaban cargados de vino. «Dormían en sacos de paja y estas posadas comían con todas las atenciones y con familiaridad».

Hoy el mesón “El Pollo” y el restaurante “Vianco” mantienen en alto rango el placer de comer bien, a gusto y barato. «No hay un solo camionero de la ruta de Galicia que no conozca Pozuelo» afirma Antonio Alonso, un hombre jovial.

A diario recalan los trabajadores de la zona atareados en la construcción, obras de infraestructura, actuaciones silvoforestales, de guardería o de servicios. Y los fines de semana aparece una clientela procedente de la capital o de otros pueblos deseosos de disfrutar amigablemente ante un mantel tan ligado a lo casero.

Es Pozuelo de Tábara un pueblo cuyo término se extiende por una superficie de 2.500 hectáreas de las que unas 1.800 se destinan al cultivo de cereal, especialmente trigo y cebada. El monte bajo, con predominancia de la jara, ocupa unas 500 hectáreas.

No hace siquiera un lustro que los agricultores se apuntaron con gran vocación al cultivo del lino, y del cáñamo, animados por unas atractivas subvenciones. Pero el enredo de la transformaciones dejó tal labranza en una triste aventura. «Del año 1998 quedarán pendientes entre 15 ó 20 millones de pesetas de subvención que no se cobrarán» precisa un vecino.

Para el sector agrícola la esperanza, las expectativas y la incertidumbre pasan, hoy día, por la transformación que acompañará al plan de regadío proyectado para la zona y que afectará a cerca de 600 hectáreas. Es un regadío que arranca en Puente Quintos y que dispondrá de toda la modernidad merced a la automatización.

No falta el pesimismo. «La mayoría de los productos no valen nada y no se sabe qué sembrar porque todo está con cupo» expresa el propio alcalde Jesús Angel Tomás. En cuanto al maíz se afirma que «no hay quien lo recoja porque no tiene salida». El máximo exponente municipal sale adelante en la vida con un elegante rebaño de cabras.

La realidad es que los agricultores y ganaderos locales se cuentan sin tardanza porque no llegan a la decena.

El censo ganadero se cifra en unas 1500 ovejas y en dos hatajos de cabras que suman 800 cabezas. Han desaparecido de la vista y del campo las vacas y los entrañables burros. El último pollino perteneció a Antonio Ferrero.

Germán Morais, jubilado, habla del pastoreo de antaño, cuando en el pueblo tenía animales todo el mundo. «¡Vi muchas veces al lobo! Una noche me mató trece en la zona de “Las Canteras”. Me vine a dormir para casa y cuando fui por la mañana tenía la faena hecha» expresa.

Mano a mano contra Antonio Alonso se halla echando un tute Gabriel García, un marranero que conoce el sector del porcino con pelos y señales. «Moví más cerdos que cantos tiene el coto de mi pueblo» expresa. Hace un especial hincapié en las matanzas del medio rural, venidas a menos, porque se ponían sobre la mesa animales «criados lentos, con las sobras de casa y con productos del huerto». Ahora, precisa, «tira Portugal, pero son cerdos verdejos de 90 kilos».

Los vecinos tienen una gran estima a la campanilla de la iglesia Pozuelo de Tábara presenta un aspecto urbanístico mudado y renovado. Se construyó sin necesidad de recurrir a materiales de otros confines porque contó con su propia explotación de piedra en el pago conocido como “Las Canteras”.

Igualmente contó con tejares en el pago “Los Cabezos”. Estaban en manos de Angel Blanco y su hermano José, pero ya venían de su padres. También existían adoberas en la zona de “Las Fuentes” y “Prao de Arriba”. «Manuel Sánchez hizo muchos. En una temporada le faltaron 700 para los 13.000 adobes» según recuerda uno de sus hijos. En el sector de los oficios, “los modorrinos”, así llamados los habitantes por consonancia con un paraje conocido como “La Modorrina”, estuvieron perfectamente atendidos en las fraguas de la familia Fernández: Rufino, Victorino y Eliseo. Y debidamente rasurados merced a las buenas maneras de los barberos Román Sánchez y Jerónimo Morán.

Socialmente no escapa de ser uno de tantos pueblos distinguidos por el envejecimiento. «Un 80 por ciento» en la estimación del que fuera secretario Ramiro Carretero, natural de Figueruela de Abajo y que recaló en el pueblo el 17 de septiembre de 1954. Es un hombre amante de la lectura y incluso de la escritura, aunque este apartado no lo ha espabilado. «Me gustaría dejar memoria de las tradiciones de mi pueblo natal» afirma mientras lanza la vista a una vieja fotografía de familia dispuesta ante un portalón alistano.

Es un enclave de gentes afables, que gustan de reunirse y compartir los buenos momentos, especialmente en la sobremesa. «Se juega al tute y al perrero. Ahora con el cambio a euros todavía no saben qué moneda elegir» comenta Enrique Ferrero.

La guerra civil dejó un recuerdo desagradable y, en algunos casos, nefasto. A la media docena muertos en el frente se sumaron dos asesinados fríamente por las huestes falangistas. Isaías y Domingo fueron convencidos para que se entregaran como mal menor, pero fueron eliminados. Otros estaban ya destinados al mismo fin y se salvaron por intercesión del jefe de falange de Tábara A. M. Se personó y dijo: «éstos no se llevan», y fue su suerte. Su gesto animó al sacerdote que invocó la clemencia por otros seis de Moreruela que corrían la misma desgracia y «fueron bajados del camión». Sin embargo, no se olvidan las brutales palizas que dieron a varios vecinos. Tras una declaración tan falsa como ominosa fueron golpeados con vergajos sin ninguna piedad. «Unos fuimos para casa a hombros y otros llevados a la silla la reina. A mí me tuvieron que cortar la camisa para poder quitármela» expresa uno de los golpeados que fue sacado de la iglesia un día tan especial como el de San Roque de 1936. Del hecho culpan a falangistas de Villarrín y Villafáfila.

La localidad (200 habitantes) perdió el pasado miércoles a Pilar Román Pino, que cumplía 104 en abril. Hasta casi sus últimos días siguió fiel a su afición al huerto. Fortaleció la salud hace más de medio siglo en los balnearios de Medina del Campo.

- Dígame usted qué puedo comer, le preguntó en una ocasión al médico cuidando de su salud.

- Dígame usted lo que come para comerlo yo, contestó el galeno admirado de su longevidad.

En la escuela lidian con los saberes once escolares y sorprende la concentración que ponen en sus quehaceres. Víctor Tomás, de tres años, es el benjamín y se entretiene con unas didácticas piezas. El profesor Angel Benéitez, con diez años en la plaza, afirma que la clave para llevar por buen camino la enseñanza en las escuelas unitarias «es que los niños se acostumbren a trabajar autónomos». Y hace mención a «juegos castigados» para señalar que no conviene sacar todos los juegos de golpe porque así no se cansan de todos y viven la experiencia de la novedad. Entre los alumnos llaman la atención tres ecuatorianos, plenamente integrados al ambiente.

La juventud de Pozuelo busca su futuro en los estudios y, en caso de tirar los libros, en cualquier campo laboral. No se mencionan renombres pero sí se hace referencia a una buena madera para sacar con brillantez carreras y oficios. El bar “Yahsmín”, atendido por Héctor Tomás, se ofrece como el escenario más apropiado para que la mocedad se cruce las miradas y las palabras más sensibles.

El miércoles puso la cigüeña de nuevo sus patas sobre la torre de la iglesia, pero quedó sorprendida al no encontrar el nido. El pueblo decidió retirarlo para evitar daños mayores al decir de un vecino que se fijó en este detalle. Hace dieciocho años que unos mozos prendieron fuego al gran nido existente y se coló como un misil al interior de la iglesia. En esta ocasión se utilizó una grúa para no provocar destrozos. Es la lucha entre la conservación y la seguridad de los templos. «Poco a poco volverá a estar el ave sobre la torre» afirma el vecino, que prefiere ver a la cigüeña donde siempre ha estado.

Las tres campanas necesitan una mejor seguridad. La campanilla procede de una ermita y cuenta con la mayor estima popular porque se utilizaba para espantar las tormentas. Su música tiene letra: “tente nublado, no vengas cargado, que matas a la gente que está en el prado”. Las otras dos campanas, de 1818, se pide que sean incluidas en un Inventario de Bienes Muebles. El 29 de marzo de 1980 un equipo del Museo Campanaire de L’Isle Jourdain, de Francia, recogió sus toques.

Afincado en las estribaciones de la Reserva de La Culebra, Pozuelo de Tábara ofrece la parada y la fonda que conviene a caminantes y trotamundos.

“El Tafarrón”: la mayor ilusión de todo joven y la fiesta por excelencia Pozuelo de Tábara resuena por otros confines merced al tradicional festejo del “Tafarrón”, una mascarada que se vive con tanta pasión como emoción. «Es la fiesta por excelencia», y existe una vivienda, dotada de vajilla y demás, para que los protagonistas puedan disfrutar con todos los suyos de las correspondientes comidas y agasajos gastronómicos que se organizan con tal motivo. Durante largos años Francisca Ferrero se encargó de hacer el chocante traje del “Tafarrón”, pero ahora —porque cada uno gusta de conservarlo como recuerdo— es preciso comprarlo «en Galicia o Portugal». En esencia, “El Tafarrón”, antes de serlo por sorteo, comienza formando parte como “entrante” y luego como “mayordomo”.

El próximo ha recaído en el joven Daniel Ferrero, estudiante en Salamanca, que ya ha entrado en contacto con un gimnasio para no defraudar a la concurrencia cuando represente a la memorable figura. Y es que hay que prepararse a fondo para aguantar las correrías por las calles. Otra buena preparación física ha consistido en llenar el chaleco de caza de piedras y hacer millas por el campo.

El coto “La Modorrina”, presidido por José María de Río, tiene un saldo de 7.168 euros.


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